¿El Estado controla a las empresas de servicios?
Las quejas contra los entes
reguladores se oyen cada vez con más fuerza, desde asociaciones civiles que
opinan que funcionan como meros apéndices de las privatizadas hasta vecinos que
aseguran que nunca los defienden frente a los incumplimientos de las prestadoras
de servicios. Datos y opiniones de una polémica creciente
Textos: Facundo Bañez
La tarde que Sandra Zanetta llamó por enésima vez a Aguas Bonaerenses para
quejarse por un caño que le estaba inundando toda la vereda de 118 entre 88 y
89 y no recibió ninguna respuesta, se indignó tanto que decidió reclamar
directamente ante el Orab, el organismo que regula el funcionamiento de la
empresa prestadora del servicio sanitario en nuestra región. Llamó al número
que figura al dorso de la factura, pensado precisamente para atender consultas y
quejas de los usuarios. Llamó una y dos veces. Llamó tres, cuatro y cinco
veces más. Llamó y llamó y no se cansó de llamar. Hoy, a casi dos semanas
del primer llamado, Sandra cuenta que nunca obtuvo una respuesta a su reclamo.
Ni siquiera la atendieron. Y es lógico: Sandra sigue tan indignada como el
primer día y se pregunta: "¿para qué están los entes reguladores sino
cumplen ninguna función?".
Sandra Zanetta no es la única que se hace esa pregunta y cuestiona la utilidad
de los entes. Según varios informes de la Auditoría General de la Nación
realizados en los últimos años, los organismos encargados de controlar a las
concesionarias no cumplen como deberían con una de las funciones básicas para
lo que fueron creados: la de defender los derechos de los usuarios frente al
incumplimiento -muchas veces constante- de las empresas públicas privatizadas.
En sintonía con esta visión, las asociaciones de consumidores comparten un
sinfín de cuestionamientos hacia la labor de los entes en todos estos años.
Los principales son que se han convertido en simples "multadores" y no
en organismos capaces de evitar falencias; que las sanciones que imparten nunca
son lo suficientemente severas como para lograr que las empresas cesen con sus
faltas y, lo que es peor, que en muy pocos casos atienden al usuario como es
debido.
"Los órganos de control no adoptaron aún el rol de protectores del
usuario", dispara Roberto Daoud, titular de Defensa de Usuarios y
Consumidores filial La Plata, y opina que las falencias de los entes "se
divisan a todo nivel, desde la estructura burocrática que impide el
acercamiento directo con el vecino hasta la falta de independencia en sus
decisiones respecto del poder político y de los intereses económicos".
Surgidos entre 1990 y 1993, período de privatizaciones en nuestro país, los
entes fueron creados por el Estado para controlar a las concesionarias de los
servicios de gas, electricidad, agua y comunicaciones. Así aparecieron en
escena el Enre (Ente Nacional Regulador de la Energía), el Enargas (Ente
Nacional Regulador del Gas), la CNC (Comisión Nacional de Comunicaciones) y, en
el caso de la provincia de Buenos Aires, el Orab (Organismo Regulador de Aguas
Bonaerenses).
Según Daoud, actualmente la realidad de los entes "ha pasado a ser una
realidad virtual para el usuario, y la problemática reside no sólo en el
desconocimiento de su ubicación espacial, sino en la ignorancia de su
existencia, de su funcionamiento y de su utilidad. El panorama se agrava ante la
ausencia de los entes en el ámbito geográfico del lugar de concesión, como
ocurre con el Enre, que tiene domicilio en capital federal pero se encarga de
controlar las esferas provinciales. Frente a esto, es muy difícil que el
usuario esté interiorizado sobre la función de los entes, y mucho menos que
crea en su utilidad".
Las palabras de Daoud no son caprichosas. A pesar de tener una enorme
responsabilidad, la labor de los organismos de control es toda una incógnita
para la mayoría de la gente, que sin embargo desconfía de ellos. Según una
encuesta reciente realizada por la Defensa de Usuarios y Consumidores en el Gran
La Plata, apenas el 20 por ciento de los usuarios locales conoce la existencia
de Enargas, mientras que sólo un 33 por ciento sabe lo que es el Orab y un 43
por ciento lo que es la CNC. El 65 por ciento de los usuarios, en tanto, está
al tanto de la existencia del Enre. Con todo, casi el 80 por ciento de los
encuestados asegura que la labor de estos organismos es "regular" o
directamente "mala".
La Defensoría Ciudadana de La Plata también guarda varias críticas hacia los
entes. Según el defensor Luis Malagamba, los vecinos platenses manifiestan
continuamente su disconformidad con estos organismos de control, los cuales, en
su opinión, "funcionan como meros apéndices de las oficinas de relaciones
públicas de las privatizadas".
Consultados por este medio, hay que aclarar, los entes no quisieron evaluar su
desempeño en la última década ni responder a los constantes cuestionamientos
que reciben por parte de los usuarios y la propia Auditoría, argumentando en la
mayoría de los casos que prefieren optar por un "perfil bajo" ante la
avalancha de críticas. Un panorama similar se percibe en las empresas de
servicios, las cuales suelen justificar su silencio sobre el tema en una actitud
que consideran práctica, y que es precisamente la de no participar en una polémica
que tiene a los organismos reguladores como principales protagonistas.
El tema tiene sus números. Según datos oficiales difundidos el año pasado, sólo
entre la CNC, el Enargas y el Enre suman casi 300 empleados y un presupuesto que
supera ampliamente los 50 millones de pesos. Para Malagamba, semejante
estructura no tiene un correlato directo en una labor digna y eficiente, por lo
cual "sería interesante discriminar los reclamos que nosotros recibimos en
la Defensoría y personalizar así los que apuntan directamente contra un ente.
Si hacemos eso seguramente nos vamos a dar cuenta de que todas las quejas de los
vecinos, además de la ineficiencia de la empresa que se cuestiona, van a tener
que ver también con la falta de efectividad de los organismos de control".
En la Unión de Usuarios y Consumidores, en tanto, no son menos duros que en la
Defensoría local. Según sus autoridades, en estos diez años los entes de
control "no han sido independientes y no han estado del lado de los más débiles,
es decir los usuarios". Las quejas van y vienen. Se repiten. De un lado están
los vecinos que se cansan de lidiar con los servicios que se cortan y del otro
las privatizadas que suelen justificar esos cortes en una y mil razones. Y en el
medio, los organismos de control que, ante las críticas y las acusaciones,
prefieren por ahora mantener el silencio.